Yulimar avanza con su imponente presencia y unos cascos a volumen desmesurado con salsa, vallenato, merengue o reggaeton desde sus 192 centímetros. La venezolana de 26 años, nacida en Caracas y afincada en Guadalajara desde noviembre de 2015, podría haber sido estrella del voleibol o la reina del salto de altura, pero escogió el triple y se ha convertido en la mejor de la historia, lo que podría repetir próximamente en la longitud. En Belgrado, a las 11:06 de la mañana y sin aparente esfuerzo voló hasta 15.19 en el primer intento. Cara de no estar nada contenta, gestos a Iván Pedroso de algo relacionado con el ruido… y medalla de oro porque su brinco es inalcanzable para ninguna de sus rivales.

El prodigio, que adora a los superhéroes y disfruta de los momentos siempre medidos con reloj caribeño, llegaba a Serbia para sumar un nuevo título, y de paso, romper su propio récord indoor de 15,43 (en Tokio batió el absoluto al volar hasta 15,67 rompiendo el 15,50 de Kravets de 1995). En Gallur, hace pocas semanas se quedó a dos centímetros. Le quedaban cinco saltos por delante a la guerrera optimista que vive al ritmo de su música y exprime su talento en las pistas de la Fuente de la Niña, junto al maravilloso y talentoso grupo familiar creado por el cubano entre los que está Ana Peleteiro.
La gallega de Ribeira (02/12/1995), la mejor saltadora de la historia de España, quería compartir podio con su amiga, como hicieron en los Juegos, oro y bronce. Primer salto y brinco hasta 14,30. Buena sensación a 23 centímetros del podio provisional. Habla al foso, maldice, desea, incluso reza… Es una transformación que transmite verdad, como también hace en la distancia corta dialéctica. Fiel a su máxima de «trabajo, trabajo y trabajo» siempre hay que pensar y confiar en ella ya que habitualmente da lo mejor de sí en los momentos más complicados y límites. El segundo brinco fue más corto (14,08), el tercero nulo y el cuarto 14,25. El quinto debía ser el de enganchar las opciones… pero fue nulo. Ana miró a Iván, algo no estaba como ella deseaba. Sólo faltaba un intento. Carrera veloz, apoyo correcto en tabla… pero el tercer salto no llegó a fluir y Ana cayó de pie sin desplegar sus piernas. Octava posición final para la española, puesto de finalista mundial. «A veces se gana y a veces se aprende. Lo dejé todo en la pista pero no somos máquinas y a veces fallamos. He tenido cosas personales que te pueden afectar, pero he entrenado muy bien. A veces las piezas del puzle encajan y otras no», explicaba Ana. Volverá a pelear por metales, que nadie lo dude.

Con el oro colgado del cuello de Yulimar, la venzolana de 26 años hizo un segundo salto muy largo… pero nulo. En el tercero volvía a superar los 15 metros que el resto mira con deseo: 15.04. Quedaban tres más para asaltar la plusmarca mundial. Otro nulo larguísimo y cercano al récord en el cuarto para despegar hasta el 15,36 en el quinto brinco. Faltaba la escena final, el momento culminante del máximo brillo en la escena final. El estadio fijó sus ojos en Yulimar, palmas acompasadas dirigidas por la propia directora de orquesta saltadora y… ¡15,74! El salto más largo de la historia, el atletismo nunca había visto nada parecido. Prodigiosa. 31 centímetros por encima del récord del mundo y 7 mejor que el increíble vuelo de Tokio. Y un metro más que sun inmediata acompañante en el podio. «Estoy feliz y contenta por mi tercer título mundial y encima con récord del mundo».
La plata fue la ucraniana Bekh-Romanchuk que logró 14,74, marca personal, y explotó en lágrimas para abrazarse con su entrenador con todo lo que está sucediendo en su país revoloteando su cabeza en ese momento. De hecho cogió la bandera de Ucrania y la besó antes de realizar su último salto. La plata le sabía a maravilloso homenaje a ese pueblo que está sufriendo la atrocidad por parte rusa. El bronce se lo llevó la jamaicana Kimberley Williams (14,59). (As de España)